Gazpacho andaluz
Tomate maduro, un buen aceite y frío. La sopa de verano que se bebe.
Tomate maduro, un buen aceite y frío. La sopa de verano que se bebe.
El gazpacho bueno empieza en la frutería: con tomate maduro de verdad, de los que huelen, no hace falta casi nada más. Es una sopa fría que se bebe, y su textura sedosa viene de emulsionar bien el aceite, igual que una vinagreta.
Trocea los tomates, el pepino (pelado si la piel es dura) y el pimiento. Pon todo en el vaso de la batidora con el ajo, el pan remojado, la sal y el vinagre.
Tritura a máxima potencia 2–3 minutos hasta que quede muy fino. Cuanto más batas, más cremoso.
Con la batidora en marcha, añade el aceite en hilo fino para que emulsione: el gazpacho se aclara de color y gana cuerpo.
Cuela si lo quieres muy fino (opcional). Prueba y rectifica de sal, vinagre y, si está muy espeso, añade un poco de agua fría.
Refrigera al menos 2 horas. El gazpacho está mejor muy frío y reposado.
Sirve en vaso o cuenco con un chorrito de aceite por encima y, si quieres, una guarnición de tomate y pepino picados.
Añadir el aceite poco a poco con la batidora en marcha es lo que da esa textura aterciopelada. Si lo echas de golpe, el gazpacho queda más aguado y se separa antes.
Aguanta tres o cuatro días en la nevera y solo mejora. En verano, tener una jarra siempre lista es una de las mejores ideas que hay.
Lucía se formó en una escuela de hostelería en Donostia y pasó seis años en cocinas de restaurante antes de dedicarse a escribir sobre comida. Fundó Sobremesa en 2021 con una idea simple: explicar bien las recetas de siempre, sin atajos ni humo. Edita cada receta que se publica y firma las de arroces y cocina tradicional.